Con frecuencia creemos que las necesidades básicas de nuestro perro son sólo físicas y de salud. Gastamos dinero en proporcionarle la mejor alimentación y una atención veterinaria de calidad, pero descuidamos, su bienestar en relación con el comportamiento.
Un ejemplo significativo de ello lo constituye una situación, que denominamos comportamiento del perro de jardín. Se trata de perros que pasan la mayor parte del tiempo silben el espacio exterior de la vivienda con poca relación de las personas o ningún contacto con otros perros.
A pesas de la cantidad de espacio disponible, la falta de integración social, puede provocar problemas de conducta, entre ellos la agresividad.
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